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Teseo

Teseo era hijo de Etra y de Egeo, rey de Atenas, aunque también se ha dicho que el padre fue Poseidón, el dios del mar. Egeo, que no había tenido descendencia, ignoraba que de su relación fugaz con Etra hubiera nacido Teseo. Así que la infancia de Teseo transcurrió en compañía de su madre en la ciudad de Trecén. Cuando cumplió los dieciséis años su madre le desveló el secreto de su paternidad y le entregó una espada y unas sandalias que habían pertenecido a su padre.

Table of contents
1 Viaje a Atenas
2 Teseo y el Minotauro
3 Vuelta a Atenas
4 Últimos Días de Teseo

Viaje a Atenas

Teseo, que desde muy joven había destacado por su fuerza y su valentía, decidió dirigirse a Atenas en solitario para conocer a su progenitor, sin temer los peligros que podía entrañar el viaje. Al contrario, deseaba emular las hazañas de su admirado Heracles, a quien le unió una buena amistad.

El primero en experimentar su valor fue Perifetes, el salteador de caminos, que, a pesar de que era cojo, dominaba a la perfección una enorme maza de bronce con la que mataba a los viajeros: la misma maza que tan útil le sería a Teseo en el futuro, pues se quedó con ella tras darle muerte.

Otro de los bandidos a los que debió enfrentarse fue Sinis, el doblador de pinos, que tenía una manera peculiar de deshacerse de sus enemigos: doblaba dos pinos próximos, ataba las copas entre sí y un brazo de su víctima a cada una de ellas. Luego soltaba los árboles que, al enderezarse violentamente, desgarraban el cuerpo del desgraciado. Teseo, después de acabar con Sinis, mantuvo una relación amorosa con su hija Perigune de quien tuvo un hijo: Melanipo.

Teseo continuó su viaje y llegó a Atenas, pero se encontró con un inconveniente: su padre se había casado con Medea, la que había sido esposa de Jasón, con el fin de que ésta le diera un heredero, ignorante del nacimiento de Teseo. De esta unión había nacido un hijo al que llamaron Medo.

Ante esta situación inesperada, Teseo decidió esperar un poco antes de darse a conocer. Pero Medea, que era una hechicera, lo reconoció y vio en él un peligro para que su hijo accediera al trono de Atenas. Así que trazó un plan. Engañó a Egeo, diciéndole que aquel hombre era un enemigo de Atenas y que debían acabar con su vida, y le convenció para que le invitara a un banquete en su palacio. Una vez allí Medea puso veneno en la copa del muchacho pero la casualidad salvó su vida. Teseo había sacado la espada que le dio su madre para cortar la carne. Entonces Egeo reconoció el arma, comprendió lo que ocurría y le arrebató a su hijo la copa de los labios. Habiendo fracasado en su empresa, Medea decidió huir con su hijo.

Teseo fue entonces reconocido oficialmente como hijo y sucesor del rey. Este hecho provocó la rebelión de los Palántidas, hijos de Palante que era hermano de Egeo, ya que uno de ellos hubiera sido el sucesor de Egeo en caso de que esta no tuviera descendencia. Teseo, haciendo alarde de su astucia militar, consiguió acorralar a sus adversarios y dar muerte a gran parte de ellos, dándose a la fuga los restantes. Teseo fue entonces aclamado por todos los atenienses y reconocido como futuro rey.

Teseo y el Minotauro

Desde hacía mucho tiempo, Atenas se veía en la obligación de entregar cada año un tributo a Creta, que consistía en el sacrificio de siete jóvenes y siete doncellas para ser devorados por el monstruo llamado Minotauro, que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre, y había nacido de los amores de Pasifae, esposa de Minos, con un toro blanco. Minos lo había encerrado en el Laberinto, construcción complicada del arquitecto Dédalo, en la que era fácil entrar pero prácticamente imposible salir. Teseo se ofreció a ir. Una vez allí, propuso al rey Minos que si conseguía acabar con el monstruo quedarían libres los catorce jóvenes y Atenas exenta del tributo. Minos aceptó la propuesta.

La principal preocupación de Teseo era el modo de salir del Laberinto y en esto entró en juego Ariadna, hija de Minos, que se enamoró de él y le ayudó a librarse de la muerte en el Laberinto ofreciéndole un ovillo de hilo para que no se perdiese en el interior de aquel lugar. Teseo siguió las instrucciones de Ariadna, consiguió matar al monstruo y escapar de Creta en su barco junto con Ariadna y el resto de los jóvenes que le habían acompañado.

De regreso a su patria, Teseo decidió parar en la isla de Naxos para recoger provisiones y allí abandonó, sin explicación aparente, a Ariadna, que se había quedado dormida. Cuando despertó y se dio cuenta de lo sucedido, lloró amargamente. Sin embargo, no mucho tiempo después apareció por la isla el dios Baco y se enamoró de ella. Ariadna correspondió este amor y poco después se casaron.

Vuelta a Atenas

Teseo continuó su viaje triunfal hacia Atenas, pero cometió un tremendo error. Había dicho a su padre que a la vuelta de su viaje, si salía vencedor en aquella empresa, izaría una bandera blanca en señal de victoria; en caso contrario, si hubiera perecido, regresaría la embarcación con su acostumbrada bandera negra. Teseo olvidó cambiar la bandera, y su padre, que vio desde una torre como se acercaba el barco por el horizonte portando la bandera negra, desconsolado, se arrojó al mar y murió. A ese mar que baña las costas de Grecia se le llama desde entonces mar Egeo.

Una vez en Atenas y habiendo heredado el trono de su padre, se casó con una de las Amazonas (mujeres guerreras que vivían cerca del Cáucaso), Antíope, que le dio un hijo llamado Hipólito. Al poco tiempo Teseo repudió a su esposa para casarse con Fedra, hija también del rey Minos. Se dcide que Acamante fue hijo suyo. Fedra se enamoró perdidamente de su hijastro Hipólito y le acosaba, pero sólo obtenía el desdén de Hipólito. Así que, viéndose deshonrada por la vergüenza y en un arrebato de rabia se suicidó, dejando como venganza una nota a su esposo Teseo en la que decía que Hipólito había intentado violarla. Teseo, enfurecido, desterró a su hijo, que murió víctima del ataque de un monstruo marino enviado por el dios Neptuno a instancias de Teseo.

Últimos Días de Teseo

Ya en edad avanzada, Teseo acompañó a su amigo Piritoo al Infierno, ya que este último quería raptar a Perséfone, la esposa de Plutón, para casarse con ella. Pero el dios del Hades les tendió una trampa: les invitó a un banquete y una vez que los tuvo sentados a la mesa, los dejó adheridos a los asientos. Teseo fue rescatado por Hércules, que con su fuerza logró despegarlo del asiento; en cambio, Piritoo permaneció condenado a quedarse allí para toda la eternidad.

A su vuelta de los infiernos, en los último años de su vida, Teseo se encontró con un caos total en el gobierno de su ciudad y decidió desterrarse voluntariamente a la isla de Esciros donde fue asesinado por su rey Licomedes.






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