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Slayer

por carlos cortes - Venezuela thelatinrat@hotmail.com

Surgidos de la irrupción del thrash-metal en la década de los 80, Slayer se han mantenido fieles a sus principios, sin variar demasiado sus esquemas, ofreciendo siempre un consistente muro de sonido. Creadores de acelerados riffs y aplastantes ritmos, continúan en su agresiva línea dejando las modas de lado. Esta convicción les ha llevado a tener un numeroso grupo de seguidores incondicionales. Otra de sus características son sus desgarradoras letras, donde muestran el lado más oscuro del ser humano. Con Reig In Blood dieron un gran paso hacia el reconocimiento, pero su ya larga carrera está repleta de excelentes álbumes. Aportan energía en estado puro y hasta ahora no han defraudado a quienes gustan de las sensaciones extremas creadas con calidad. Slayer comenzó a funcionar como banda en 1982, en Los Angeles, Estados Unidos. En poco tiempo se convirtió en la número uno en su género. Su formación apenas ha sufrido variaciones, los pocos cambios registrados han tenido como protagonista el puesto de batería. Así, el bajo y la voz siempre han estado a cargo de Tom Araya, de ascendencia chilena, mientras que las guitarras han estado repartidas entre dos verdaderos posesos de las seis cuerdas, Kerry King y Jeff Hanneman. En cuanto a la batería, el puesto original fue ocupado por Dave Lombardo, también con raíces latinas, y reconocido como, sino el mejor, uno de los mejores baterías del estilo. Dave dotó a Slayer de un sonido de batería único y genuino pero, diferencias de carácter y otras causas colaterales predeterminaron su salida del grupo. En su lugar han ocupado el puesto, T.J. Scaglione (Whiplash) aunque por escasos meses, Paul Bostaph ex Forbiden- en dos etapas y John Dete. Show no Mercy(1984), Hell Awaits (1985) y el mini lp Haunting The Chapel (1984), componen la primera parte de su carrera, compuesta por un sonido crudo y distorsionado encajado en unos parámetros de total agresividad y contundencia. De esta etapa surgieron algunos de sus clásicos, pero si debe destacar algún tema ese es Black Magic todo un ejemplo de como mezclar un riff melódico dentro de un ritmo de vértigo. La potencia de éste y otros clásicos quedaron reflejados en su estado más puro en Live Undead, un directo que completó su primera etapa. Poco después llegarían los primeros síntomas de discordia entre Dave y el resto del grupo. No obstante, y tras ser sustituido durante unos meses por T.J. Scaglione, Lombardo regreso a la banda justo a tiempo para grabar su más elogiado álbum, Reign In Blood (1986), con el que dejaban atrás una fructífera etapa y demostraban tener la suficiente calidad como para afrontar el futuro con optimismo. Su sonido se mantenía igual de contundente pero más pulido, mientras que Dave Lombardo daba una de sus más intensas lecciones de cómo llevar el ritmo dentro de un contexto agresivo y extremadamente veloz. El impacto causado por Reign in Blood otorgó a Slayer la categoría de grupo de primera fila. A partir de ahí, su progresión fue en aumento y en poco tiempo alcanzaron el status de grandes estrellas del metal internacional. El siguiente paso fue la grabación de South of Heaven (1988), otra muestra de energía controlada que tuvo en su contra la poderosa sombra del Reign In Blood, pero que mantuvo a Slayer en la sintonía del éxito. Dos años después, apareció Seasons In The Abys (1990), una álbum compacto y rabiosamente enérgico que superaba al anterior en calidad compositiva y potencia sonora. Al dar inicio la década de los 90, con una carrera estable, incontables actuaciones a lo largo de Estados Unidos y con participación en los más importantes festivales internacionales, llegó el momento de concentrar la energía que desprendía el grupo en un álbum en directo y apareció el doble Decade of Aggresion (1991). Aquí terminó otra etapa. Un largo silencio de tres años fue roto con una noticia impactante, Slayer volvía con nueva grabación pero sin uno de sus componentes originales y pieza básica de su característico sonido: la batería Dave Lombardo. La salida de Dave fue un punto traumático para todos. Las relaciones entre el batería y el resto del grupo se resintieron, e incluso hubo algunas declaraciones subidas de tono, pero en el fondo la amistad entre todos prevaleció sobre las diferencias de carácter y musicales. Algo que se ha podido comprobar recientemente al haber vuelto Dave Lombardo para ayudar al grupo en un momento delicado. Pero en los primeros años de la década de los 90 las relaciones no eran las mejores. La comunicación entre Dave y los otros tres componentes sufrió un doloroso proceso de deterioro hasta la ruptura total. Tuvieron que pasar cuatro largos años hasta que el grupo estuvo listo para crear nuevas dosis de sonido apocalíptico, algo que se tradujo en Divine Intervention (1994), ya con Paul Bostaph a cargo de la batería. La grabación pasó el aprobado, mantenía el clásico sonido del grupo, pero empezaron a notarse los primeros síntomas de cansancio, tanto por parte de la crítica como de un sector de sus seguidores. Las primeras críticas recibidas se dejaron sentir y ante el empuje de nuevas corrientes rockeras Slayer pasó por el peor momento de su carrera. Durante los siguientes años los seguidores del grupo tuvieron que conformarse con una grabación aparecida en 1996 bajo el título de Undisputed Attitude, donde Araya, Hannemann y King decidieron dar rienda suelta a sus instintos más punkeros recopilando versiones de grupos de ese estilo. Los fans tuvieron que esperar hasta 1998 para poder disfrutar de nuevo con temas originales. La nueva irrupción de Slayer se estrenó bajo el título de Diabolus In Música, grabación donde demostraban su genio y vitalidad volviendo, en gran medida, a sus mejores momentos. Diabolus In Música marcada también el retorno de Paul Bostaph después de que durante una larga etapa John Dete se hubiese encargado de la batería. Diabolus in Música reúne todas las cualidades que Slayer suele aportar a su sonido y devolvió su credibilidad como una de las bandas más importantes en las historia del metal extremo. Llegó otra etapa de silencio. Slayer, conscientes de que más vale poco y bueno que mucho y malo, hicieron esperar de nuevo a sus fans, nada menos que cuatro largos años. Con el nuevo milenio reflejado en todos los calendarios, Slayer ha retornado, como siempre, con su aplastante sonido. Sin bajar su potencia, sin concesiones comerciales y revitalizados pese al paso del tiempo, 20 años después nadie puede negar a Slayer su compromiso con el metal. Es mejor el buen continuismo que la innovación penosa, un paso que a muchos grupos les ha llevado al fracaso. Ese no ha sido el caso de Slayer, que siempre ha mostrado integridad en su sonido. Así lo demuestran en su último álbum Got Hates Us All (2001), puro sonido Slayer sin concesiones, atrevido, agresivo, arrasador. Sin perder sus orígenes, se mantienen actualizados y en plena forma. Los últimos datos indican que el puesto de batería sigue siendo el único inestable. Paul Bostaph volvió durante un tiempo, pero ha iniciado otra etapa con el grupo Systemátic. El rebelde Dave Lombardo regresó para tapar el hueco de forma momentánea pero el puesto sigue sin un titular fijo. Eso no es obstáculo para que el sonido de Slayer continúe machacando los oídos de sus entusiasmados seguidores.






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