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Sirena

Las sirenas son seres fabulosos de la mitología griega. enfrentadose a las sirenas. Óleo de Herbert James Draper.]]

En principio las sirenas eran seres mitad mujer, mitad pájaro que vivían en la costa, en una isla. Los nombres más antiguos que se nos han legado son: Agláope y Telxiepia, si bien la lista de nombres aumentó con su número: Ligia, Leucosia, Molpe, Redne, y algunas otras engrosan este particular bestiario. Por descontado, en manos de los griegos, esos señores que tenían tamaño gusto por la genealogía, se atribuye su parternidad a Aqueloo o a Forcis, en tanto que sus madres siempre son alguna de las musas Melpóneme o Terpsícore, relacionadas con el canto y con el baile.

Tales seres eran poco menos que adefesios que atraían a los marineros solamente con sus cantos. La singular belleza de estos seres es un añadido posterior, muy posterior. Aún para Horacio, en la Epistola ad Pisones, que se considera casi un tratado de estética, hace mención a un híbrido de mujer y pez con resultados que causan poca admiración y sí bastantes carcajadas. Recordemos el

"desinat in piscem mulier formosa superne;
spectatum admissi, risum teneatis, amici"

[termine en pez termine lo que es una hermosa mujer por arriba;
Cuando os lo enseñase, ¿aguantaríais la risa, camaradas?]

Los antropólogos debaten sobre si esas figuras no son genios de los pasos que guardan (en este caso, invitan) las Puertas de la Muerte, al más puro estilo Escila y Caribdis, que moraban ciertamente próximas a su isla. Eurípides, en una estrofa del coro de Helena (verso 168) las llama parthenikoi korai, con lo que nos revela que eran consideradas vírgenes, jóvenes aladas, doncellas hijas de la Tierra, Sirenas, a las que se identifica como cantoras de la Isla de los Bienaventurados, cercanas a las descritas por Platón. En este punto se apoyan Kahn- Lyotard y Nicole Loraux para incluirla dentro de las figuras del Más Allá en el Dictionnarie des Mythologies editado en Flammarion. Que en su origen, su número fuese dos es algo que tiene intrigados a los estudiosos y les confirma al tiempo en su postura, porque en la Grecia Antigua son numerosos los peligros que vienen en forma dual.

Se ha comentado que posiblemente las sirenas que tanto intrigaron a Freud son la intelectualización tardía de un hecho narrativo que aúna peligro y belleza. Esto, que a nosotros, seres del siglo XXI, nos ronda por la cabeza cada vez que nos las nombran, parece que para los antiguos la cosa no estaba tan clara, al menos, en terreno de la hermosura: bien eran horrendas y extraordinarias cantantes que ocultaban el asesinato y la antropofagia, o bien escandían sus melismas en los reinos de Muerte para solazar a las ilustres sombras: nada se nos dice de una especial belleza. Supongo que las Oceánides, las hermosas compañeras de "koré", fueron asimiladas, por su relación con la Muerte (y el Mar), a estos pajarracos que la dispensaban con tanta prodigalidad, para trenzar el sincretismo iconográfico que nos ocupa.

Algunos nombres y funciones de las sirenas son:

Más tarde, en otras leyendas surgen:






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