Pedro Salinas
(1891-1951)La obra poética de Salinas suele dividirse en tres etapas: inicial, de plenitud y del exilio.
Etapa inicial (1923-32). Está marcada por la influencia de la poesía pura de Juan Ramón Jiménez. La idea de la depuración y perfección poéticas y el protagonismo que van cobrando en ella los temas amorosos perfilan lo que será su etapa de plenitud. Pertenecen a esta etapa Presagios (1923), Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931).
La etapa de plenitud (1933-39) está formada por la trilogía amorosa La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento.
La voz a ti debida (1933) presenta la historia de una pasión amorosa, desde su nacimiento hasta el final.
Razón de amor (1936) examina lo que queda del amor cuando éste acaba. La pasión y el dolor de la separación son, por lo tanto, los temas centrales del libro.
Largo lamento (1939) continúa la línea marcada en las obras anteriores.
La etapa del exilio (1940-51) está formada por El contemplado (1946), extenso poema en que dialoga con el mar de San Juan de Puerto Rico; Todo más claro y otros poemas (1949), donde trata el tema de la creación a través de la palabra, y su obra póstuma Confianza (1955), afirmación gozosa de la realidad vivida.
Su trayectoria prosística comienza con Vísperas del gozo (1926), obra inscrita en la línea vanguardista de la época. Salinas abandona la narrativa durante veinticinco años, y sólo al final de su vida se reincorpora a ella con La bomba increíble (1950), novela sobre los horrores de la bomba atómica, y El desnudo impecable y otras narraciones (1951).
Su depurada formación universitaria y su agudo sentido crítico fueron esenciales en los ensayos sobre literatura -Literatura española. Siglo XX (1940), Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío (1948)- y en las ediciones de Fray Luis de Granada y San Juan de la Cruz.

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