Novela bizantina
Novela usualmente protagonizada por una pareja de enamorados que se separa y vuelve a reunir una y otra vez entre viajes, raptos, naufragios, anagnórisis y todo tipo de peripecias pintorescas, en las que puede intervenir también lo fantástico. Comienza siempre in medias res y, en cierta manera, se trata del género antecesor de la moderna novela de aventuras.Los orígenes de la novela bizantina se remontan a los principios del siglo III d. C., en que el escritor griego Heliodoro de Emesa compuso la obra clásica del género, las Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Este y otros autores de su tiempo como Aquiles Tacio y su Leucipa y Clitofonte fueron traducidos en Europa durante el Renacimiento y sirvieron de modelo para que se recrease el género en los siglos XVI y XVII, en que este género, a causa de su origen griego, fue considerado una especie de épica en prosa. En efecto, el primer español en crear una novela bizantina fue Alonso Núñez de Reinoso con su Historia de los amores de Clareo y Florisea, y los trabajos de la sin ventura Isea (1552), bastante influida por la novela de Aquiles Tacio, que pretende imitar. Siguió luego la Selva de aventuras, de Jerónimo de Contreras (1565) y El peregrino en su patria (1604), de Félix Lope de Vega, que se singulariza por nacionalizar el género haciendo que todos los viajes y aventuras transcurran dentro de la misma España e incluir poemas y autos sacramentales. También Miguel de Cervantes sintió el encanto del género y lo cultivó en dos de sus Novelas ejemplares, La española inglesa y El amante liberal, e incluso la última novela que llegó a componer, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), pertenece a este género. La anónima Los amantes peregrinos Angelia y Lucenrique, compuesta entre 1623 y 1625; Historia de Hipólito y Aminta 1627, (que llegó a alcanzar cuatro ediciones), de Francisco de Quintana, Historia de las fortunas de Semprilis y Genorodano (1629), de Juan Enríquez de Zúñiga, Eustorgio y Clorilene, historia moscóvica (1629), de Enrique Suárez de Mendoza, marcan la madurez del género. Después, la novela bizantina adquirió una gran carga alegórica y moral que impulsó su crisis como género narrativo. Esta etapa la testimonian obras como el León prodigioso (1634) y Entendimiento y verdad (1673)de Cosme Gómez Tejada de los Reyes, y El criticón (1651, 1653 y 1657) de Baltasar Gracián.
Exponentes del género.

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