Lenguas romances
Las lenguas romances o lenguas románicas son lenguas que proceden del latín vulgar (entendido en el sentido etimológico de "popular", 'hablado por el pueblo', como opuesto al latín clásico y literario); por tanto se trata de lenguas indoeuropeas.Estas lenguas se hablaban o se siguen hablando en un territorio que recibe el nombre de Romania, y que cubre en su mayor parte el sur europeo del antiguo imperio romano; los términos "romano/a" y "Romania" proceden efectivamente del adjetivo latino romanus: se consideraba que sus hablantes empleaban una lengua tomada de la de los romanos, por oposición a otras lenguas presentes en los territorios del antiguo Imperio, como el fráncico en Francia, lengua de los francos perteneciente a la familia de las lenguas germánicas.
El primer escrito en que se encuentra el término romano, de una forma u otra, se remonta al sínodo de Tours, en el año 813. Es a partir de ese sínodo en que se considera que la primera lengua vulgar se separa del latín, y se designa en efecto como una lengua aparte. Se trata de una forma de proto-francés, que recibe el nombre de romana lingua o roman. Con ello, el francés es la primera lengua romance que se separa del latín.
La evolución del latín vulgar hacia las lenguas romances se fecha grosso modo de la siguiente manera:
- entre 200 a.C y 400 aproximadamente: diferentes formas de latín vulgar.
- entre 500 y 600: estas formas comienzan a distinguirse entre sí.
- a partir de 800: se reconoce la existencia de las lenguas romances.
A propósito del latín vulgar, cabe reseñar que los romanoss vivían en situación de diglosia: la lengua de cada día no era el latín clásico, el latín de los textos literarios o sermo urbanus (el 'discurso urbano', es decir, refinado) se encontraba estancado por la gramática (como ya lo estaba el sánscrito en la misma época en India), sino una forma distinta aunque cercana, en un proceso de desarrollo más libre, el sermo plebeius ('discurso plebeyo'). Parece ser que el latín clásico no se limitaba a un empleo libresco, sino que lo hablaban las clases sociales elevadas, mientras que el sermo plebeius era la lengua del pueblo llano, los comerciantes y los soldados. Sin posibilidad de acceder al estatus de lengua literaria, el latín vulgar nos es conocido sobre todo por la fonética histórica, citas y críticas pronunciadas por los hablantes de un latín literario, así como por numerosas inscripciones, registros, cuentas y otros textos corrientes. Por otra parte, el Satyricon de Petronio, una especie de «novela» escrita probablemente en el primer siglo de nuestra era y que fue pasando por los entornos marginales de la sociedad romana, es un testimonio importante de esta diglosia: según su categoría social, los personajes se expresan en una lengua más o menos próxima al arquetipo clásico.
Entre los textos que han censurado las formas juzgadas decadentes y erróneas, hay que destacar el Appéndix Probi, una especie de compilación de «errores» frecuentes recopilados por un tal Probus que data del siglo III de nuestra era. Son estas formas, y no sus equivalentes en latín clásico, las que se encuentran en el origen de las palabras utilizadas en las lenguas romances. He aquí algunos ejemplos de «faltas» citadas por Probus (según el modelo A non B, '[diga] A, no B'), clasificadas aquí según el tipo de evolución fonética y acompañadas de comentarios que permiten señalar las principales diferencias entre el latín clásico y el latín vulgar. No es posible ser exhaustivo en la materia e incluir referencias a todas las diferencias entre el latín clásico y el vulgar, pero el Appéndix Probi puede constituir una introducción pertinente sobre el asunto:
La caída de la /m/ final, consonante que se la encuentra a menudo en la flexión, crea entonces una ambigüedad: Romam se pronuncia como Roma, no se puede saber si el término está en el nominativo, en el accusativo o en el ablativo. Así, las lenguas románicas tienen que utilizar preposiciones para evitar tal ambigüedad. Antes de decir Roma sum por «yo estoy en Roma» o Roma(m) eo por «yo voy a Roma», hubo que expresar esas dos frases por sum in Roma y eo ad Roma. En este aspecto, conviene recordar que si ya, en latín clásico, desde la época imperial, la /m/ al final de palabra se omitía, Roma sum y Roma(m) eo no podían ser confundidas: en el ablativo (Roma sum), la /a/ final es larga; sin embargo es breve en acusativo: así se pronunciaba /rm/ para el primero, /rm/ para el segundo. El latín vulgar, no obstante, no utiliza más el sistema de cantidades vocálicas: ambas formas son un tanto ambiguas.
En un mismo movimiento, los adverbios y las preposiciones simples son a veces reforzadas: ante, «antes», ya no basta; hay que poner ab + ante en vulgar para explicar el francés avant, el castellano antes y el occitano avans, o bien in ante para el rumano înainte, etc.; igualmente avec proviene de apud + hoc, dans de de intus, etc. El caso límite parece ser alcanzado con el francés aujourd'hui, noción que se decía simplemente hodie en latín clásico. El término francés se analiza en à + le + jour + de + hui, donde hui viene de hodi (que se lo encuentra en castellano, hoy, en romanche, hoz o en valón, oûy). El compuesto aglutinado resultante es, en consecuencia, redundante, ya que significa término a término: «en el día de hoy» (en francés au jour d'aujourd'hui). Ciertas lenguas conservadoras, entretanto, han mantenido adverbios y preposiciones simples: el castellano con y el rumano cu vienen de cum, igualmente que en castellano o în rumano son heredados de in. Se ve también este fenómeno con los términos simples heredados de hodi
De lengua flexional a la sintaxis ágil (el orden de los términos no cuentan enormemente para el sentido sino principalmente para el estilo y el énfasis), el latín vulgar llegó a ser un conjunto de lenguas, que utilizaban muchas preposiciones, en las cuales el orden de los términos es fijo: si es posible decir en latín Petrus Paulum amat o amat Petrus Paulum o Paulum Petrus amat o aún amat Paulum Petrus para querer decir que 'Pedro ama a Pablo', esto no es posible en las lenguas románicas, que han abandonado más o menos rápidamente las declinaciones; así, en castellano 'Pedro ama a Pablo' y 'Pablo ama a Pedro' tienen un sentido opuesto, sólo el orden de los términos indican quién es sujeto y quién es objeto. Cuando las lenguas románicas mantuvieron un sistema de declinaciones, éste se ha simplificado y se limita a aquellos casos (con excepción del rumano): lo que ocurre en antiguo francés y en antiguo provenzal, que no poseen más que dos, el caso sujeto (heredado del nominativo) y el caso objeto (proveniente del acusativo), para todo lo que no sea sujeto. En francés, casi siempre, el caso sujeto desapareció; los nombres actuales heredados del francés antiguo son entonces todos del antiguo caso objeto y, por lo tanto, de antiguos acusativos; se lo puede constatar con un simple ejemplo:
Del latín clásico al latín vulgar
Algunos tipos de modificaciones fonéticas propias del latín vulgar
Esta lista no es exhaustiva y sería necesario abordar la cuestión de la diptongación "panromana" (que conocen todas las lenguas románicas) y señalar qué número de vocales se han generado como consecuencia de las diptongaciones secundarias.Transformaciones en profundidad del sistema morfosintáctico
Sistema nominal
| Latín clásico | Francés antiguo | Francés | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| singular | plural | singular | plural | singular | plural | ||||
| nominativo | murus | muri | caso sujeto | murs | mur | — | — | ||
| acusativo | murum | muros | caso objeto | mur | murs | mur | murs | ||
El rumano, sin embargo, conserva un sistema flexional que funge con tres casos sincréticos: caso directo (nominativo + acusativo), caso oblicuo (genitivo + dativo) y vocativo. Estos casos se distinguen principalmente cuando el nombre está marcado por el artículo definido. En caso contrario, tienen tendencia a ser confundidos.
Otros puntos merecen ser señalados: Primero, excluyendo el rumano, los tres géneros, masculino, femenino y neutro, son reducidos a dos por la eliminación del neutro; así, el término latino folia, nominativo y acusativo neutro plural de folium, «hoja», es reinterpretado como un femenino: Es el caso, por ejemplo, en castellano, donde se vuelve hoja, más también en francés, bajo la forma feuille, en italiano foglia, romanche föglia, valón fouye, portugués folha, catalán fulla, etc., todos términos femeninos. Además, las lenguas románicas desarrollaron un sistema de artículos determinados, desconocidos en latín clásico. Así, en castellano, el y la provienen respectivamente de los pronombres y adjetivos demostrativos ille e illa (más un neutro \lo < illud); igualmente en italiano para il y la (así como lo < illum), en francés para le y la de los demostrativos illum e illa respectivamente, etc. El rumano se distingue por ser la única lengua románica en la cual el artículo va postpuesto: om, «hombre», om-ul, «el hombre». Los artículos indeterminados, por su parte, provienten simplemente del numeral unus, una (y unum en el neutro), que, en latín, habrían podido servir con este uso.
Finalmente, el sistema del adjetivo es revisado: Mientras que los grados de intensidad eran marcados por sufijos, las lenguas románicas no se servían más que de un adverbio delante del adjetivo simple, ya sea magis (que devino en más en castellano, mai en occitano y en rumano, mais en portugués, més en catalán, etc.) ya sea plus (più en italiano, plus en francés, pus en valón, plu en romanche, etc.): Así, para decir más grande (comparativo de superioridad) en latín clásico era suficiente grandior; en castellano hace falta más grande, en italiano più grande, etc. Igualmente, el superlativo el más grande se decía grandissimus en latín clásico, pero el más grande e il più grande en esas mismas lenguas.
Un modo nuevo aparece, el condicional (atestiguado por primera vez en una lengua romance en la Secuencia de santa Eulalia / Séquence de sainte Eulalie), construido a partir del infinitivo (a veces modificado) seguido de las desinencias del imperfecto: vivir + -ía da viviría en castellano, asi vivrais en francés, viuria en catalán. A notar algunas de las modificaciones de la raiz: haber + ía > habría y no *habería o devoir + ais > devrais y no *devoirais. De igual forma, el futuro clásico es abandonado por una formación comparable a la del condicional, es decir, el infinitivo seguido del verbo haber (o precedido, como en el caso sardo): asi cantare habeo ("yo he de cantar") da cantaré en castellano y catalán, chanterai en francés, etc.
La forma pasiva se elimina a favor de un sistema compuesto que ya existía en latín (cantatur, "es cantado", en latín clásico se convierte en est cantatus, que en latín clásico significa "ha sido cantado"). Finalmente, algunas conjugaciones irregulares (como la volle en francés "vouloir") son rectificadas, aunque muchas mantienen su caracter irregular en las lenguas romances, y los verbos deponentes dejan de ser utilizados.Sistema verbal
Las conjugaciones latinas se modificaron profundamente, principalmente por la creación de tiempos compuestos: asi nuestro he cantado, francés j'ai chanté o catalán he cantat vienen de un habeo cantatu(m) vulgar, que no existe en latín clásico. El uso de verbos auxiliares ser y haber, es notable: el latín ya usaba ser en su conjugación, pero no de forma tan sistemática como en las lenguas romances que han generalizado su uso para crear un juego completo de formas compuestas respondiendo a las formas simples. Generalmente las formas compuestas marcan el aspecto finalizado de la acción.

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