Independencia de Chile
Chile se independizó oficialmente de España el 12 de febrero de 1818. Sin embargo, el proceso independentista completo se prolongó más o menos entre los años 1808-1810, y 1818-1826, según qué hitos históricos se elijan para señalar su comienzo y final. Tradicionalmente se la divide en tres etapas: Patria Vieja, Reconquista y Patria Nueva.
El año 1808, el Imperio Español vivía en un creciente estado de agitación. A Chile llegaron las noticias de la invasión napoleónica a España, y el cautiverio de Fernando VII. Paralelamente, asumía García Carrasco como gobernador de Chile. García Carrasco era hombre de modales toscos y carácter autoritario, razones ambas que le enajenaron la simpatía de la aristocracia criolla. Ya en Chile habían antecedentes de agitación independentista (concretamente el pintoresco motín de los Tres Antonios), pero parece ser que García Carrasco magnificó el problema, tomando diversas medidas arbitrarias, incluyendo el arresto de connotados ciudadanos y su remisión a Lima. Además, estuvo involucrado en un bullado caso de contrabando. Por todo lo anterior, comenzó la presión para que éste renunciara, lo que por fin se consiguió en 1810.
El militar más antiguo de Chile en esa época era Mateo de Toro y Zambrano, por lo que éste tomó interinamente el mando. Por ese minuto, el movimiento juntista se había propagado fuertemente entre los criollos; es decir, se proponía reemplazar la gobernación española por una junta de notables que conservara el gobierno. Después de muchas vacilaciones, Toro y Zambrano accedió a convocar un cabildo abierto para todos los vecinos de Santiago, para el día 18 de septiembre de 1810.
En la sesión del 18 de septiembre, los juntistas gritaron a voz en cuello: "¡Junta queremos! ¡Junta queremos!". El anciano Toro y Zambrano (a la sazón de 83 años) accedió, y entregó el bastón ceremonial, agregando: "He aquí el bastón. Disponed de él y del mando". Comenzó de esta manera la Patria Vieja.
Inmediatamente empezaron las intrigas políticas entre los propios criollos; todo esto, mientras seguían las noticias de turbulencias políticas y bélicas en Europa. Se convocó a elecciones, para designar un Congreso Nacional el año 1811. En la ocasión, el realista Tomás de Figueroa se sublevó, considerando que tal elección era antimonárquica, pero Figueroa fue apresado y fusilado sumariamente. El motín, instigado por la Real Audiencia de Santiago, sirvió de pretexto para disolver ésta, con lo que la gran institución monárquica desaparecía de raíz. La independencia se aceleraba.
Saboteada la elección por el motín de Figueroa, se convocó a otra para noviembre del mismo año. De esta manera entró en sesiones el Congreso Nacional. En éste obtuvo una amplia mayoría el movimiento de los moderados, que propugnaba una mayor autonomía de los criollos con respecto al Imperio Español, sin llegar a la ruptura completa; los exaltados, que predicaban la independencia absoluta e instantánea, quedaron en minoría.
Mientras tanto, llegaba a Chile el joven José Miguel Carrera. Pronto, éste se vio involucrado en las intrigas de los exaltados para hacerse el poder por la vía armada. Dos golpes de estado, ambos a finales de 1811, entregaron al ambicioso Carrera el poder. De esta manera comenzó la dictadura de Carrera. En ella se dictó la Reglamento Constitucional de 1812, de marcado carácter exaltado; se fundó la Aurora de Chile, el primer periódico chileno, en el cual Camilo Henríquez hizo circular las ideas independentistas; se crearon los primeros símbolos nacionales; y se fundó el Instituto Nacional.
El triunfo de los exaltados inquietó al virrey del Perú, Fernando de Abascal, quien envió una expedición militar a cargo de Antonio Pareja. Este desembarcó en Concepción, ciudad partidaria de los realistas, y comenzó a marchar hacia Santiago. Pareja fracasó en su empeño, y lo mismo ocurrió con la expedición comandada por Gabino Gaínza. Sin embargo, la desacertada conducción militar de Carrera le permitió a su rival, el moderado Bernardo O'Higgins, elevarse y pasar a tener el mando supremo de las fuerzas patriotas. Acosado por todas partes, Carrera debió renunciar, comenzando así el período de Francisco de la Lastra de la Sotta.
Aunque Gaínza fracasó, Abascal envió una tercera expedición militar en 1814, esta vez a cargo de Mariano Osorio. O'Higgins optó por defender la ciudad de Rancagua, mientras que Carrera deseaba defender el paso de Angostura, más estrecho, pero también más cercano a Santiago. Las desaveniencias entre ambos obligaron a O'Higgins a batirse en solitario con los realistas de Osorio, debiendo escapar a toda velocidad de la ciudad, en lo que se llamó el desastre de Rancagua (1 al 2 de octubre de 1814). Poco después, Mariano Osorio entró en Santiago, y puso fin a la Patria Vieja.
El virrey Abascal confirmó a Mariano Osorio como gobernador de Chile; sin embargo, en 1815 una pendencia entre Osorio y Abascal llevaría a la remoción del primero, siendo nombrado como gobernador el inepto Casimiró Marcó del Pont. Sin embargo, los españoles se creyeron en la necesidad de imponer un buen escarmiento a los patriotas, por lo que comenzó una feroz persecusión policial a cargo de los talaveras, comandados por el fiero San Bruno. Los patriotas encontrados en Santiago fueron simplemente exiliados a Juan Fernández, entre ellos varios miembros de la Junta de 1810. Lejos de tranquilizarse, los patriotas se exacerbaron, e incluso hasta los más moderados decidieron que era suficiente, y que no quedaba otro camino que la independencia.
Un buen grupo de patriotas (entre ellos Carrera y O'Higgins) decidieron exiliarse en Mendoza, en donde era gobernador don José de San Martín. Este favoreció inmediatamente a O'Higgins (muy probablemente por las conexiones de ambos con la Logia Lautaro, que trabajó a nivel hispanoamericano para obtener la independencia). El sino de Carrera iría cada vez peor, hasta que terminaría por ser fusilado en 1821.
Mientras San Martín y O'Higgins organizaban un ejército para cruzar los Andes y liberar Santiago, encargaron al abogado Manuel Rodríguez Erdoiza iniciar una serie de actividades guerrilleras que inquietaran a los españoles, pusieran en ridículo a San Bruno, y levantaran la moral patriota. De esta manera, Rodríguez se transformó en una suerte de héroe romántico de la independencia. Una de sus más celebradas hazañas fue disfrazarse de mendigo y obtener una moneda en caridad de parte del propio gobernador Marcó del Pont, quien había puesto precio a la cabeza de Rodríguez.
El Ejército Libertador estuvo preparado en 1817. Cruzando la cordillera por varios lugares distintos, éste se dejó caer sobre la llanura de Chacabuco, al norte de Santiago. En ella midieron sus fuerzas el patriota San Martín, y el realista Rafael Maroto, quien sufrió una decisiva derrota (12 de febrero de 1817). La batalla permitió a los patriotas instalarse en Santiago. San Martín fue proclamado Director Supremo, pero éste declinó, y ubicó en su lugar a Bernardo O'Higgins, quien sería Director Supremo hasta 1823. En el primer aniversario de la batalla de Chacabuco, Bernardo O'Higgins proclamó la independencia propiamente tal (12 de febrero de 1818).
Una vez más, Abascal resolvió recurrir a Mariano Osorio, enviándole con una nueva fuerza expedicionaria. Este desembarcó en Concepción, y reclutó ingentes cantidades de tropas. Bernardo O'Higgins salió a darle batalla, pero fue sorprendido por la noche en Cancha Rayada, sufriendo una espantosa derrota y teniendo que escapar a toda prisa. En la confusión, corrió el rumor de que O'Higgins había muerto, y el pánico cundió entre los patriotas, muchos de los cuales se aprestaron incluso a volver a cruzar la Cordillera hacia Mendoza. En tales críticas circunstancias, Manuel Rodríguez arengó a la gente gritándoles: "¡Aún hay patria, ciudadanos!", y se nombró Director Supremo; duraría en el cargo exactamente 30 horas, que es el tiempo que O'Higgins empleó en regresar a Santiago y volver a hacerse del mando.
Lisiado después de Cancha Rayada, O'Higgins delegó el mando de las tropas patriotas en San Martín. Este las reunió en los llanos de Maipú, en las afueras de Santiago. En la batalla de Maipú, librada el 5 de abril de 1818, San Martín infligió una dura derrota a Osorio, quien optó por regresar a Concepción; los realistas ya no intentarían otra incursión a Santiago, con lo que la independencia quedaba asegurada. Después de la refriega, acudió O'Higgins a saludar a San Martín, como salvador de la patria, en lo que se conocería como el abrazo de Maipú.
En lo que respecta a asegurar la independencia, San Martín emprendió una serie de guerras contra las montoneras, grupos de bandoleros, realistas e indios que habían aprovechado el caos de las expediciones militares y los reclutamientos forzosos para dedicarse al pillaje y al saqueo. Esto se conoció como la guerra a muerte, porque ni las montoneras ni los soldados regulares tomaban prisioneros; una vez liquidada la banda de Vicente Benavides, el año 1822, quedó asegurada la pacificación de la región de Concepción.
Por otra parte, O'Higgins propició el desarrollo de una escuadra nacional, para impedir nuevas expediciones españolas desde el Perú. Para llenar la plaza de almirante, llamó al escocés Lord Thomas Cochrane. Este asestó un golpe decisivo a los realistas cuando en 1820 se apoderó del fuerte de Valdivia, considerado como inexpugnable tanto por patriotas como por realistas.
De todas maneras, San Martín y O'Higgins estaban de acuerdo en que no cesaría el peligro hasta que el propio Virreinato del Perú fuera independiente de España. De esta manera prepararon la Expedición Libertadora, con naves y soldados. San Martín y Cochrane fueron enviados a Perú en 1822. Sin embargo, el carácter confiado y audaz de Cochrane chocó con el exceso de prudencia de San Martín. Este dejó escapar varias oportunidades de asestarle el golpe definitivo al virrey, por lo que finalmente se entrevistó con Simón Bolívar (quien descendía desde Colombia), y se retiró de Perú; la independencia peruana quedaría completa después de la batalla de Ayacucho, librada por Sucre, un lugarteniente de Bolívar.
En la historiografía nacional se hace terminar la Patria Nueva en 1823, con la renuncia de O'Higgins. Sin embargo, el último territorio español en Chile, la isla de Chiloé, sería conquistada recién en 1826, durante el gobierno de Ramón Freire, sucesor de O'Higgins. Habría una nueva intentona de conquista por parte de Perú durante la Confederación Perú-Boliviana, pero ésta ya no sería de España. En 1866 habría una nueva expedición militar española a Chile y Perú, pero ésta resultaría un fracaso.
Ver También
Prolegómenos a la independencia de Chile
La Patria Vieja

Reconquista
Patria Nueva

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