Íbero
Los íberos o iberos fueron un conjunto de pueblos que ocupaban la Península Ibérica y el sur de Francia con anterioridad a la llegada de los indoeuropeos (celtas) y romanos, en este sentido es el sinónimo local de "preindoeuropeo". Más frecuentemente el uso de este término se restringe a los pueblos de la franja costera entre el sur de Portugal y el mediodía francés pasando por la costa mediterranea, parcialmente colonizados por fenicios y griegos.En la actualidad los historiadores coinciden en que se le está dando el nombre de íbero a un grupo de pueblos más o menos homogéneos cuyo verdadero ámbito geográfico está en proceso de estudio.
El criterio más importante para catalogar a estos pueblos en el mismo grupo es que poseían un idioma de raíz no indoeuropea. En este sentido, posiblemente el euskera actual, y el resto de idiomas vascuences actualmente desaparecidos, estarían emparentados de alguna manera con este idioma íbero, del que también hay muchas dudas sobre su posible unidad lingüística.
Actualmente la mayoría de los prehistoriadores distingue entre un grupo de lengua "tartésica, en Andalucía occidental y sur de Portugal, y otro de lengua propiamente "íbera en la costa mediterránea. Ambos usaban un alfabeto-silabario similar, pero mientras al íbero propiamente dicho puede quizá encontrársele algún parecido con el vasco, el tartesio es una lengua aun sin clasificar totalmente.
El origen de estas poblaciones ibéricas se atribuyó durante mucho tiempo a una migración desde el norte de África, pero está idea está siendo muy discutida. Incluso se defiende una tesis diametralmente opuesta, la colonización desde la península del norte de África.
Los supuestos límites máximos de la expansión íbera habrían llegado hasta el mediodía francés y el norte de la costa africana.
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2 Prehistoria de los tartesios 3 Historia de los íberos (y tartesios) 4 Yacimientos arqueológicos 5 Ver |
Prehistoria de los íberos
El origen de los íberos se remonta, cuando menos, al primer neolítico mediterráneo: la Cultura agro-pescadora de la Cerámica Impreso-Cardial, que se extendió desde el Adriático hacia occidente, influyendo intensamente en los aborígenes paleolíticos y asimilando toda las regiones costeras del Mediterráneo occidental en el V milenio adC. Hacia 2600 adC se desarrolla en Andalucía oriental la civilización calcolítica, que se aprecia en los yacimientos de Los Millares (Almería) y Marroquíes Bajos (Jaén), estrechamente relacionados con la cultura portuguesa de Vila Nova y quizás (no probado) con alguna cultura del Mediterráneo oriental (Chipre). Hacia 1800 adC, esta cultura se ve sustituida por la de El Argar (bronce), que se desarrolla independientemente y parece estar muy influida en su fase B (desde 1500 adC) por las culturas egeas contemporáneas (enterramientos en "pithoi"). Hacia 1300 adC, coincidiendo con la invasión celtas del noroeste peninsular, El Argar, que bien pudo haber sido un estado centralizado, da paso a una cultura "post-argárica", de villas fortificadas independientes, en su mismo ámbito. Tras la fundación de Marsella por los focenses (ha. 600 adC), los íberos reconquistan el noroeste a los celtas, permitiendo la creación de nuevos establecimientos griegos al sur de los Pirineos.
Prehistoria de los tartesios
La primera agricultura de Andalucía se encuentra aislada, desconociéndose de dónde pudo haber llegado. Parece ser en cualquier caso anterior en hasta mil años a la llegada de la Cerámica Impreso-Cardial. Posteriormente, sin embargo Andalucía occidental ha dejado un registro arqueológico muy débil y continuista, percibiéndose a menudo influjos de Portugal y Extremadura. Hacia 1800 a.C. aparecen en el sur de Portugal y en algunas localizaciones de Andalucía y Extremadura una serie de grupos difusos que, por conocer el bronce pero por nada más, pueden vincularse hipotéticamente con El Argar. Pero no es realmente hasta la fundación de Gadir (Cádiz) por los fenicios cuando puede hablarse de una cultura tartésica. Los prehistoriadores se refieren a ella comúnmente con el apelativo de "orientalizante", subrayando la creciente influencia púnica presente en ella.
Historia de los íberos (y tartesios)
La iberia antigua fue objeto de las ambiciones coloniales de los fenicios primero, que hacia 800 a.C. fundaron su primera colonia ultramarina en el otro extremo del Mediterráneo (Cádiz), buscando con seguridad las exuberantes y míticas riquezas minerales de la península y otros territorios atlánticos. La fundación de Marsella por los griegos focenses marca el inicio de una competición entre ambas naciones por las riquezas de las Hespérides, en la que los pueblos costeros de la península (íberos) se ven envueltos inevitablemente. Las potencias herederas de ambas naciones: Cartago y Roma entrarán finalmente en una serie de guerras (Guerras Púnicas) por la hegemonía en el Mediterráneo occidental. Tras la Primera Guerra Púnica, Cartago intenta resarcirse de sus pérdidas en Sicilia y Cerdeña incrementando su dominio en Iberia. Es en este proceso que intentan someter a la colonia griega de Sagunto, situada al sur de la frontera pactada del Ebro pero aliada de Roma, dando lugar a la Segunda Guerra Púnica, que culminará con la incorporación de la parte civilizada (íbera) de la península a la República Romana.
Yacimientos arqueológicos
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