Henrik Ibsen

Henrik Johan Ibsen, (20 de marzo de 1828 - 23 de mayo de 1906) Dramaturgo y poeta noruego, nacido en el puerto de Skien y fallecido en Cristiánia (Oslo). Su padre, un próspero comerciante, perdió su fortuna poco después del nacimiento de Henrik, lo que hizo que creciera como un marginado social y que descuidara sus estudios. Luego de cinco años (1844-49) como mancebo de farmacia en Grimstad, y con intención de hacer carrera en la medicina, malgastó un año en la Universidad de Cristiánia. Ya tenía publicada una comedia, Catilina (1850) y se hallaba comprometido en la redacción de otra, Kæmpehøjen (El túmulo del héroe, 1854), cuando fue nombrado asistente de la dirección y «poeta doméstico» en el recientemente establecido Det norske Theater de Bergen, donde conoció a Susannah Thoresen, la hija de un clérigo con la que contrajo matrimonio en 1858. De las cuatro comedias «nacional-románticas» que produjo en Bergen, incluidas las que había escrito antes, sólo una es actualmente recordada después de su acceso a la fama, y es Fru Inger til Østraat (La señora Inger de Østraat, 1855), un sombrío drama de intriga en prosa, con el estilo elaborado y seudohistórico de Eugène Scribe. Sin embargo, tan insignificante aprendizaje y la dirección artística de Det norske Theater, un pequeño teatro en Cristiánia (1857-62) diéronle una perspicacia singular en temas teatrales de cualquiera especie, inigualada entre los mejores dramaturgos desde Molière.
Al perder su cargo en Cristiánia se siguieron meses de desesperanzada y degradante indigencia, de la que fue rescatado por una suscripción pública que pronto se convertiría en una pensión anual del gobierno. En 1864 abandonó Noruega, adonde no volvería en veintisiete años, si se exceptúan dos breves visitas. Fijada su residencia, primero en Italia, y más tarde en Alemania, su biografía se convierte a partir de 1864 en la referencia de sus obras. Cuando en 1891 se hubo hecho un hombre respetable y condecorado, fue a residir a Cristiánia, donde murió tras una serie de ataques.
La cima de la madurez del escritor tiene dos distintas fases. Durante los años 1858-73 fue considerado el heredero de los grandes dramaturgos poetas como un «bardo conservador» de Noruega, en oposición a su colega, el radical Bjørnstjerne Bjørson. Las más relevantes obras de esa época son Brand (1866) y Peer Gynt (1867), largos poemas dramáticos que, si bien no estaban en un principio destinados al teatro, demostraron en él su gran impacto. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere a la barroca historia existencial del aventurero nórdico Peer Gynt, que es una fantástica y divertida sátira, con chispeantes versos y salpicaduras de ternura y de sombrío simbolismo. En brutal contraste, nos habla Brand de la catastrófica misión de un incomprendido apóstol religioso, en el que subyace el severo rigor que le une a Søren Kierkegaard. Éste es también el tema del grandioso drama histórico Kejser og Galilæer (César y Galileo, 1873), que, a pesar de la alta estima que le reserva su autor, no la tuvo tanto en el teatro. A esos años pertenece también Hærmændene på Helgeland (Los guerreros de Helgeland, 1858), en la que el escritor demuestra ya su dominio de la famosa «técnica analítica», la reconstrucción de los hechos del pasado, reales y psicológicos, en el curso de una acción progresiva que explica al mismo tiempo que condiciona; el mejor de los libros de Poemas (colección de 1871), que puede compararse con los de Heinrich Heine; Kongsemnerne (Los pretendientes al trono, 1863), el mejor drama histórico de Noruega; y dos desiguales comedias, Kjærlighetens Komedie (La comedia del amor, 1862), algo así como una opereta adulterada, y De unges forbund (La liga de la juventud, 1869), animada comedia de intriga en un ambiente político contemporáneo.
La segunda gran etapa del escritor es su período realista. De aquí en adelante no escribiría virtualmente más que comedias en prosa sobre las gentes corrientes de su propio tiempo. Esta ruptura completa con el romanticismo la haría conscientemente bajo la influencia del eminente crítico danés Georg Brandes, que en una famosa conferencia en 1871, no sólo reprobaba explícitamente el drama Brand por su estéril trascendentalismo, sino que establecía un programa para una literatura moderna, antirromántica y provista de objetivos. Conforme a este programa, produjo el dramaturgo unas cuantas obras que serían una contribución al debate ético-social de aquellos días: Samfundets Støtter (Los pilares de la sociedad, 1877), referida a los fraudes comerciales; Et Dukkehjem (Casa de muñecas, 1879), sobre la sumisión de la mujer; Gengangere (Espectros, 1881), sobre la moralidad sexual; y En Folkefiende (Un enemigo del pueblo, 1882), en defensa de la libertad de expresión. Todas ellas estaban impecablemente construidas, habitadas por protagonistas estudiados en profundidad, y que daban a los actores y actrices ocasión de excepcional lucimiento. Respiraban estos dramas un formidable e inusitado doctrinarismo radical; el exconservador habíase convertido en el archiiconoclasta de su tiempo.
Dos dramas, quizá los mejores, siguieron a este de Un enemigo del pueblo: Vildanden (El pato salvaje, 1884) y Rosmersholm (La casa de Rosmer, 1886). Perteneciendo a la misma pluma que había escrito Espectros, ya no son éstos, sin embargo, una convocatoria a la acción social, sino que, por el contrario, resuelto enteramente a descubrir las relaciones personales y a la revelación del pasado de sus protagonistas, sus inhibiciones mutuas proveen a éstos de extraordinaria complejidad en una atmósfera de misterio -no siempre de índole psicológica- que les nimba a menudo de poesía y les dota de infinitas interpretaciones simbólicas, que en otro tiempo tan enérgicamente había rechazado el autor. Este mismo modelo sigue en sus últimos dramas: Fruen ved Havet (La dama del mar, 1888), Hedda Gabler (1890), Bygmester Solness (El constructor Solness, 1892), Lille Eyolf (El pequeño Eyolf, 1894), John Gabriel Borkman (1896) y Naar vi døde vaagner (Cuando despertemos de entre los muertos, 1899). El tono sombrío de El constructor Solness y Cuando despertemos de entre los muertos está aún oscurecido por las proyecciones autobiográficas que el autor hace sobre sus héroes, que son, como él mismo, artistas y artesanos de sus destinos y reflexionan sobre el precio que hay que pagar por la dedicación exclusiva a su vocación.
Brand le había hecho famoso inmediatamente en toda Escandinavia. Su reputación se extendió a Alemania en 1870, y a Gran Bretaña y los Estados Unidos en la década siguiente; al final de su carrera había ya sido reconocido como el más grande dramaturgo de su tiempo. El renacimiento del drama en el s. xix le debe más a Ibsen que a cualquier otro autor. George Bernard Shaw, John Galsworthy, Gerhart Hauptmann y Eugene O'Neill hubieran sido escritores diferentes de no haber existido él, e incluso August Strindberg reconocía que debía mucho a su magisterio. En cuanto a Luigi Pirandello, le colocaba inmediatamente después de Shakespeare.
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