Fusilamientos de Heredia
Al recibir el coronel Tomás de Zumalacárregui durante la Primera Guerra Carlista el mando de las tropas carlistas navarras en noviembre de 1833, encontró una tropa muy mal equipada, formada por unos 2.500 hombres emplazados en cuatro batallones. La falta de armas y municiones hizo que Zumalacárregui comenzase realizando operaciones contra el ejercito liberal con el único fin de obtener como botín armas y municiones. Siguiendo esta pauta, partiendo de la escasa guarnición de Vitoria y de que entre ella pensaba encontrar individuos afines a su causa, decidió atacar la ciudad. La ciudad estaba bajo el mando del general Joaquín de Osma, comandante general de las provincias vascongadas. La guarnición la componían 750 soldados de infantería y 136 de caballería. (Pirala/235).En diciembre de 1833 se había creado en Vitoria un cuerpo franco con el nombre de Celadores de Álava. Su misión consistía en mantener el orden en los pueblos de Álava que vivían bajo el terror organizado por Zumalacárregui con su cuerpo de Aduaneros. El día del ataque se encontraban acuartelados en Gamarra, pequeña localidad a 4 kilómetros al norte de Vitoria.
Zumalacárregui, al amanecer el día 16 de marzo de 1834 y viniendo desde Navarra, se acercó a Vitoria donde se le unieron los batallones carlistas alaveses. Disponía de unos tres mil hombres. Envió contra los Celadores de Álava un escuadrón de caballería y dos compañías de infantería a Gamarra.
Con el resto inició el ataque por las cuatro puertas de la ciudad. La esperada ayuda desde el interior de la ciudad no llegó, fracasando el intento, con gran pérdida de su gente: "se ha dado sepultura unos cuarenta cadáveres facciosos". (Panorama, p. 35).
Los Celadores de Álava, unos 200 hombres, ofrecieron fuerte resistencia, pero abandonados por su comandante y los oficiales y con más de treinta bajas, al serles prometida la vida, se rindieron. Fueron conducidos a Heredia, pueblo a unos 25 kilómetros al este de la ciudad.
Zumalacárregui, en retirada hacia Navarra, al tener noticia de su prisión, ordenó que fuesen puestos en capilla y fusilados al día siguiente. El comandante alavés Bruno de Villarreal trató vanamente de exponer al jefe carlista "las tristes consecuencias que ocasionaría tan terrible orden". (Pirala p. 289). Pero el caudillo carlista se mostró inflexible. Aún consiguió Villarreal, a espaldas de Zumalacárregui, que dos de los celadores presos, conocidos suyos, fuesen ocultados y salvasen la vida pero con los restantes se ejecutó la orden. El general carlista José Ignacio de Uranga anotó, escueto como siempre, en su diario: "Día 17. Permanecimos en Heredia donde se fusilaron 118 peseteros". (Uranga, p. 18).

"El inmolarlos fue un acto de inhumana crueldad, la horrible satisfacción de una venganza a la que no se entrega el que quiere aparecer como un héroe, como un genio. Dejó de ser héroe para ser hombre; desoyó la razón para oír las pasiones y arrojó sobre su frente una mancha de sangre que empañaba el brillo de su gloria y que sobre todo, nada hacía necesaria". (Pirala, p. 290).
El inglés Francisco Bacon que vivía por entonces en Bilbao, acertó plenamente con los motivos que impulsaron a Zumalacárregui a ordenar los fusilamientos de Heredia: "Fue guiado sin duda a determinación tan atroz por miras políticas; opinó le era necesario preservar a los suyos, difundiendo el terror en sus contrarios; porque es incuestionable que en las guerras civiles y revoluciones, alcanza mayor respeto y atenciones, aquellos que se deciden por medidas sanguinarias". (Bacon, p. 168).
En su carrera al mando de las tropas carlistas, Zumalacárregui continuó empleando su táctica terrorista, así cuando quemó las iglesias en las que se habían refugiado los defensores de Cenicero en La Rioja y Villafranca en Navarra. Desistió de su empleo cuando firmó al año siguiente el Convenio lord Elliot.
Fuentes citadas:
- Antonio Pirala. Historia de la guerra carlista y de los partidos liberal y carlista. Segunda edición. Tomo I. Madrid 1867-1871.
- Panorama Español. Crónica Contemporánea. Tomo II. Madrid 1842-1845.
- Francisco Bacon. Historia de la revolución de las provincias vascongadas y Navarra. 1833-1837. San Sebastián 1973.
- Diario de Guerra del Teniente General D. José Ignacio de Uranga. (1834-1838). San Sebastián 1959.

Haz Enciclopedia.com tu página de inicio y aprende algo nuevo cada día