Conde de Aranda
Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda (Siétamo, Huesca, España, 1719 - Épila, id., 1798). Militar y estadista español.Décimo conde de Aranda, fue enviado a estudiar a Bolonia, pero su decidida y temprana vocación militar le condujo a alistarse en el ejército español en 1740. A partir de 1746 viajó por Europa en diversas misiones diplomáticas, sirviendo como embajador en Lisboa, Polonia y París. De su época de embajador datan su contactos con los círculos ilustrados y, quizá, con la masonería. En 1763 fue nombrado capitán general de Valencia y Murcia.
Después del motín de Esquilache (1766), Carlos III lo llamó a la corte y le nombró presidente del Consejo de Castilla y capitán general de Castilla la Nueva (11 de abril de 1766). Aunque aristócrata de rancio abolengo, era ideológicamente un ilustrado, por lo que encabezó una política (el partido aragonés) de las más radicales y fecundas de la época. Apoyado en abogados como Múzquiz, Campomanes y Floridablanca (entonces aún José Moñino), y en nobles aragoneses como Roda y Muniaín, comienza por reprimir los últimos estertores del motín, al tiempo que iniciaba el proceso de responsabilidades que acabaría con la expulsión de los jesuitas en 1767, bajo la acusación de actuar contra el rey y organizar motines.
A lo largo de los siete años que estuvo al frente del Consejo de Castilla, instauró una política reformista basada en los principios de la Ilustración con la que consiguió el aprecio popular y el elogio del mismo Voltaire. Las reformas se centraron en la cuestión agraria (repartimiento de propios y baldíos, iniciado con el decreto acerca de Extremadura el 2 de mayo de 1766; colonización de sierra Morena, puesta en manos de Olavide), en las medidas regalistas, en el apoyo a las Sociedades Económicas de Amigos del País y en la elaboración del llamado censo de Aranda (1768-1769), el primer censo de población que se hizo en España (en 1768, el Conde de Aranda da las ordenes de que se inicien los trabajos encaminados a averiguar la verdadera población de esta Monarquía para poder promover ideas útiles al Estado, según los sexos y las edades).
Sus crecientes diferencias con Carlos III lo indujeron a solicitar la embajada de París (1773-1787). En su gestión diplomática consiguió éxitos tan sobresalientes como la firma del tratado de paz con Gran Bretaña (1783) que puso fin a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América (tratado de Versalles). Por este tratado, España consiguió la devolución de Menorca y la Florida oriental y occidental, así como parte de las costas de Nicaragua, Honduras (la Costa de los Mosquitos) y Campeche y la colonia de Providencia. No obstante, tiene que reconocer la soberanía inglesa de las Bahamas y no recuperaba Gibraltar.
De nuevo en España, hizo todo lo posible por favorecer la caída de Floridablanca, por quien sentía profunda antipatía. Cuando éste fue destituido por Carlos IV (febrero de 1792), Aranda fue nombrado Secretario de Estado interino, y como tal tuvo que hacer frente a las difíciles relaciones con la Francia revolucionaria. Sostuvo una política de apaciguamiento con Francia y de relajación de los censura en el interior del reino. Esta política no tuvo arraigo, pues fue destituido a los pocos meses.
Le sucedió Godoy, que declaró la guerra a Francia (Guerra de la Convención) y ordenó el arresto de Aranda, que defendía la firma de la paz con Francia, mientras se incoaba un proceso en el que intervino la Inquisición. En 1795, concluida la guerra con Francia, se sobreseyó la causa y se le levantó el confinamiento. Aranda decidió retirarse a la villa de Épila, donde murió.
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