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Comunismo

Comunismo, movimiento e ideología que tienden a crear sociedades económicamente igualitarias. El movimiento adoptó la bandera roja con una hoz y un martillo cruzados, y desde su origen tuvo carácter internacionalista.

"Un fantasma recorre Europa: El fantasma del comunismo". Así comenzaban en 1848 Karl Marx y Friedrich Engels el Manifiesto Comunista. Este documento sentó las bases de la "teoría marxista" o marxismo y aportó una identidad y un ideario básico al comunismo.

La definición de comunismo puede realizarse desde muy diversos enfoques: ideológico, histórico, social.

Esta ideología, en sus facetas de teoría política y movimiento político y social, se define a sí misma principalmente a través de tres rasgos:

Basado en Hegel, Marx concibió la resolución de la lucha de clases mediante una síntesis superadora de los contrarios, que daría luz a la nueva sociedad cuando la contradicción entre la acumulación de riqueza y la imposibilidad de que muchos disfrutaran de ella llegara a un punto insostenible. La sociedad igualitaria sólo podía realizarse cuando las tensiones internas del capitalismo alcanzaran su máximo desarrollo. Marx esperaba por eso que la revolución comunista estallara en los países más avanzados, especialmente en Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial.
En la teoría marxista, el comunismo debía ser una etapa posterior al socialismo. La toma del poder por el proletariado no garantizaba de entrada una distribución igualitaria de las riquezas, de manera que el comunismo llegaría cuando el proletariado lograra multiplicar los medios de producción. La primera etapa era pues la de sociabilizar los medios y entregar la administración de la riqueza al Estado proletario, cuyo peso disminuiría con el tiempo.

Marx consideraba deseable que la transición se hiciera con el mínimo de violencia. Definía la violencia como "partera de la historia", es decir, como la fuerza necesaria y aleatoria para lubricar un proceso casi inevitable. Por otra parte, creía que una vez desencadenada en un país, la revolución debía extenderse rápidamente a otros, debido a la existencia de un mercado mundial en el que circulaban los productos terminados y las materias primas.

El marxismo criticó severamente a los socialistas de su época, a los que atribuía finalidades meramente reformistas. La polémica entre socialistas y comunistas marcó las últimas décadas del siglo XIX en el movimiento obrero europeo.

La primera revolución comunista no se produjo en un país central, sino en Rusia, en 1917. El líder del movimiento, Vladimir Ilich Lenin explicó esta imprevista (por Marx y Engels) resolución de las contradicciones capitalistas señalando que el capitalismo había fallado en su "eslabón más débil". En efecto, Rusia era un país de escaso desarrollo industrial y predominante base campesina semifeudal.

La Revolución Rusa llevó a cabo la supresión de la propiedad privada en la industria, creó cooperativas agrarias y avanzó hacia la multiplicación de los medios de producción, en medio de una guerra civil que duró cuatro años. Uno de los primeros objetivos de Lenin fue electrificar Rusia. Después de la muerte de Lenin, y lejos de diluirse paulatinamente, el Estado creció. En manos de Stalin, la industrialización se hizo a paso acelerado y sin reparar en costos humanos. La Segunda Guerra Mundial agudizó el proceso de creación de industria pesada y de alimentos, pero al mismo tiempo aumentó los controles estatales, no sólo sobre la economía, sino también sobre los ciudadanos. El estalinismo se caracterizó por una severa disciplina económica, la persecución de los enemigos o presuntos enemigos de la Revolución y una concentración del poder semejante a la de la época zarista.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que agrupaba los antiguos dominios del Zar, era la segunda potencia mundial después de los Estados Unidos, e igualaba a éstos en poderío militar, puesto que desarrolló la bomba atómica y el armamento nuclear tan rápidamente como su principal enemigo. Con la muerte de Stalin, en 1953, sobrevino la crítica a sus métodos y al "culto de la personalidad", tolerada y auspiciada desde el poder. Esta etapa fue conocida como la del "deshielo".

El mundo socialista quebró a comienzos de los años '90 del siglo XX, atenazado por el mundo capitalista, dominado por un burocracia ineficiente y trabadas sus posibilidades de alcanzar los niveles de desarrollo tecnológico cada vez más sofisticados de los principales países capitalistas. En 1991, el país regresó al sistema capitalista y las repúblicas que integraban la URSS se independizaron. La destrucción del Muro de Berlín que separaba la zona comunista de la zona capitalista (herencia de la división territorial posterior a la Segunda Guerra Mundial) fue el símbolo de esta caída.

China, que había realizado su revolución comunista en 1949, siguió adelante el proceso, en medio de crecientes contradicciones, hasta que comenzó a aceptar formas económicas mixtas a fines del siglo, sin cambiar el régimen político de partido único.

A partir de la Revolución Rusa, la denominación de comunista quedó restringida a los partidos marxistas que se alinearon con la Unión Soviética. En cada lugar del mundo tuvieron suertes diversas, pero pocas veces llegaron al poder. Las excepciones fueron los países de Europa del Este que estuvieron bajo el control de los soviéticos durante más de 40 años después de la Segunda Guerra Mundial; Corea, Vietnam y Cuba. En Chile, a comienzos de los '70, el Partido Comunista llegó al gobierno en una alianza con los socialistas y partidos menores de izquierda. La experiencia de la "vía democrática" al socialismo fue frustrada por la durísima oposición de las fuerzas de centro y derecha y la conspiración de los Estados Unidos, que produjeron finalmente un sangriento golpe de Estado en 1973 y la muerte del presidente socialista Salvador Allende.

El comunismo internacionalista, es decir, prosoviético, estuvo atravesado por grandes crisis en el siglo XX. La primera de ellas tuvo que ver con el alejamiento de León Trotsky de la conducción de la Unión Soviética. Trostky se exilio en México, donde fue asesinado por un agente de Stalin. El ex conductor del Ejército Rojo postulaba la "revolución permanente" y dio origen a un cisma que devino en el nacimiento de minoritarios partidos obreros trotskistas. La segunda gran crisis la provocó el enfrentamiento de la Unión Soviética y China en lo referente a la política internacional. Desde los años del encumbramiento del fascismo en Europa, la Unión Soviética sostuvo una política de "unidad con las fuerzas democráticas" de la burguesía para los partidos comunistas que actuaban en el mundo capitalista. China tenía una política de confrontación directa con el imperialismo y las burguesías locales. Esta política provocó otro cisma en muchos partidos comunistas. En los '70 el comunismo prochino viró hacia extrañas alianzas según fuera la relación de cada gobierno con Pekín.

Después de la Segunda Guerra Mundial, dos partidos comunistas europeos, el francés y el italiano, crecieron al punto de convertirse en fuerzas políticas clave en sus respectivos países. Dominaban ampliamente el movimiento sindical, tenían importante representación parlamentaria y jugaban una compleja política de alianzas en el plano interno. Fueron críticos, en muchos puntos, de la Unión Soviética. Esta posición independiente convirtió a ambos partidos en núcleo del llamado "eurocomunismo", cuyo sesgo distintivo era la defensa de los valores democráticos. El eurocomunismo llevó más fondo que lo permitido la crítica al estalinismo. El PC francés no modificó, sin embargo, el método de conducción centralista hacia lo interno. Menos rígido fue en ese sentido el PC italiano. Este, además, diseñó una política de "compromiso histórico" hacia la Democracia Cristiana (centro) que significaba mucho más que eventuales alianzas tácticas. El Partido Comunista español, menos poderoso, se sumó al eurocomunismo.

Después de la caída de la Unión Soviética, los partidos comunistas sufrieron transformaciones y divisiones en todo el mundo.

En Cuba, la revolución de 1959 fue conducida por jóvenes revolucionarios que no pertenecían al Partido Comunista. Pero éste se convirtió en fuerza hegemónica en la medida en que la economía del país se hacía cada vez más dependiente de la Unión Soviética. Caída la Unión Soviética, Cuba permaneció como un solitario baluarte del comunismo en América latina, aunque aceptando la participación de capitales privados extranjeros en su débil economía, centrada en el turismo.



"Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto."

Carlos Marx & Federico Engels


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Ver también:

Anticomunismo






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