Batalla de Inglaterra
La conocida como Batalla de Inglaterra no fue una única batalla en sí, sino toda una serie de operaciones y batallas menores que pretendían dar como resultado la conquista de Inglaterra por parte de las tropas nazi en la Segunda Guerra Mundial.Tras el armisticio firmado por Francia el 25 de junio de 1940 que dejaba a Europa bajo control directo o indirecto de Alemania, sólo la Gran Bretaña resistía el empuje nazi.
Adolf Hitler, el Führer alemán, celebra la victoria sobre las potencias aliadas (Francia y Gran Bretaña), suponiendo que, tras la rendición de la primera, la segunda potencia no tardaría en intentar negociar un tratado de paz lo más honroso posible. Con la confirmación de la neutralidad de los Estados Unidos y la pérdida de todos sus aliados en el continente europeo, para el dictador alemán la única solución honrosa que le queda a Gran Bretaña es la paz. Ni siquiera la Unión Soviética, el enemigo natural de Alemania, está dispuesta a hacer nada contra el gigante alemán, y de hecho Molotov, su ministro de asuntos exteriores, se apresuró a enviar su felicitación a Alemania por su rápida y fácil conquista de Francia.
Es por ello que durante todo el mes de junio no cae en Inglaterra ni una sola bomba. Tanto la marina como el ejército y la Luftwaffe estaban preparadas para el asalto al otro lado del Canal de la Mancha, pero Hitler quería acabar ya la guerra como el gran triunfador, y por ello realizaba gestos amistosos a los ingleses para convencerles de sus buenas intenciones. Sin embargo, los británicos no pactan.
Hitler, en contra de sus pretensiones, se ve obligado a seguir con las hostilidades, y a marchas forzadas comienza a diseñar un plan de invasión de Inglaterra, denominado "Operación León Marino". Hermann Göering, el comandante de la Luftwaffe y a la sazón segundo hombre del Reich alemán, está exultante. Su aviación sólo ha cosechado hasta el momento aplastantes victorias sin prácticamente bajas, y promete a Hitler acabar con la aviación inglesa en pocos días. Sin el apoyo de la aviación, el desembarco de tropas en suelo inglés sería un juego de niños, ya que los barcos que pudieran intentar abortar este desembarco serían eliminados por los bombarderos alemanes.
El Führer confía en la palabra de Göring y envía a sus generales que estén listos para la invasión. Como condición indispensable para dar lugar a esta, la Luftwaffe debía conseguir durante tres días seguidos la total superioridad aérea sobre suelo británico, por lo que comienzan las misiones aéreas. Una vez conseguida la superioridad, la unidad de paracaidistas de Kurt Student (la primera de la historia y la única en aquellos momentos) caerian sobre Dover para establecer una gigantesca cabeza de puente y comenzar con el traslado de tropas por vía marítima.
Durante los primeros momentos, parecía que las bravatas de Göring se cumplirían, ya que los aviones alemanes eran superiores a los ingleses (en particular, los cazas Hurricane no tenían nada que hacer frente a los Messerchmitt 109), los pilotos alemanes estaban muy bien entrenados y tenían bastante experiencia, mientras que los pilotos ingleses eran jóvenes de veinte o veintiun años sin ninguna experiencia en combate.
Los objetivos de las bombas alemanas en esta primera etapa no eran las poblaciones civiles, sino las instalaciones industriales cercanas a la ciudad de Londres.
Sin embargo, las cosas empezaron a pintar mejor para los británicos con la puesta en escena de forma masiva de un caza llamado a convertirse en leyenda, el Supermarine Spitfire. Por fin, los ingleses tenían un caza capaz de hacer frente al magnífico Me109. El Spitfire, aparte de ser un avión muy maniobrable y muy bien armado, poseía una velocidad superior a la del Me109, permitiéndoles a los pilotos ingleses huir del combate cuando la situación les es desfavorable.
Puesto que los pilotos ingleses rechazaban siempre que les era posible el duelo en el aire, Göring, a mediados de julio de 1944, decide cambiar de táctica y combatir no sobre el Canal de la Mancha, sino sobre el suelo inglés. Los objetivos variaron y dejaron de concentrarse en las industrias para dedicarse a los bombardeos de los aereopuertos. Los aviones ingleses eran más sencillos de destruir si se les impactaba antes de haber despegado.
El inicio de esta nueva operación, denominada "Día del Águila" por Göring, comenzó el 15 de Agosto de 1940, y los nazi contaban con más de mil bombarderos y unos 700 cazas, que despegaron hacia suelo inglés en 2.119 acciones aquel día. Tras este primer día de operaciones, cuarenta aviones alemanes fueron derribados, pero las consecuencias del bombardeo fueron horribles. Decenas de aviones destruidos en tierra, sin contar con los derribados por la caza alemana.
La operación "Día del Águila" continuaba su curso con excelentes resultados hasta el 24 de agosto de 1940: los docks de Londres son bombardeados por error. Esta es la primera vez desde que en 1915 varios zepellines bombardearan Londres que se ataca a una población civil desde el aire. Pese a las disculpas alemanas (aún no estamos en tiempos de guerra total, y se siguen ciertas reglas), Churchil, el Primer Ministro inglés, se aprovecha del error nazi y prepara un ataque aéreo sobre la ciudad de Berlín.
Este bombardeo fue más nominal que cualquier otra cosa. La RAF británica no estaba en condiciones de realizar un verdadero ataque sobre suelo alemán. Con la inmensa presión que estaba ejerciendo la Luftwaffe sobre los aeródromos británicos, estos a duras penas podían contener el ataque. Por lo tanto, el bombardeo de Berlín fue más una acción disuasoria de Churchil que una verdadera ofensiva.
La fecha del bombardeo fue escogida con mucho cuidado, haciéndolo coincidir con la entrevista del ministro del exterior nazi, von Ribbentrop, en Berlín con su homónimo comunista, Molotov, para conseguir convencer a la Unión Soviética del fin del Imperio Británico y conseguir así nuevos acuerdos. Esta entrevista tuvo que interrumpirse para bajar a un refugio antiaéreo, lo que hizo que Molotov no diera crédito a las palabras de von Ribbentrop (famosa es su frase "En vista de lo que está cayendo del cielo de Berlín, no parece normal que los ingleses estén en las últimas").
Si bien los daños berlineses fueron prácticamente irrisorios (al menos si los comparamos con los daños en suelo británico), Churchil consiguió lo que buscaba. Se abandonó la estrategia del bombardeo de aeródromos británicos por parte alemana para concentrarse en las ciudades, y principalmente sobre Londres.
Si bien eso implicaba casi la destrucción de Londres, Churchil estaba dispuesto a pagar el precio porque de esta manera su aviación conseguiría un respiro y volver a poder hacer frente a los alemanes.
Las pérdidas en ambos bandos fueron espantosas, pero seguía resistiéndose la superioridad aérea prometida por Göring a Hitler. Si bien las bajas alemanas no eran particularmente cuantiosas y las británicas en proporción sí, la sensación nazi era de todo lo contrario. Los bombardeos cada vez tenían más problemas para poder escupir su cargamento de fuego sobre territorio británico, y el diseño de los cazabombarderos tampoco consiguieron grandes cosas en ese apartado.
Finalmente, Hitler, cansado de esperar e impresionado por las bajas (desde el 10 de julio de 1940 hasta octubre del mismo año, 1.733 aviones según cifras alemanas y 2.698 según fuentes británicas), decide cancelar la operación "León Marino" (invasión de Inglaterra) y comenzar con un nuevo tipo de incursión aérea: el bombardeo nocturno indiscriminado, aprovechando la oscuridad de la noche para evitar lo máximo posible la caza británica y sus sistemas antiaéreos. Fue la forma nazi de aceptar la derrota en la finalmente denominada "Batalla de Inglaterra" y la primera derrota de la hasta entonces todopoderosa Luftwaffe.

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